¿Y si buscamos la solución del (sobre) turismo fuera del turismo?

En el año 1968, el director Pedro Lazaga y el famoso productor Pedro Masó, estrenaban la película “El turismo es un gran invento”. Protagonizada por Paco Martínez Soria, José Luis López Vázquez y el gran Antonio Ozores, narraba como un afanado alcalde pretendía buscar en el desarrollo turístico de su pequeño pueblo de la montaña aragonesa, la solución para la despoblación, la emigración juvenil y la mejora económica general.

Esta divertida comedia es un fiel reflejo de lo que supuso el desarrollo de este sector para España hacia la primera mitad del siglo XX, un país que buscaba modernizarse, abrirse al resto de Europa, mejorar sus infraestructuras, captar nuevas divisas y generar empleo y un mejor bienestar social. Desde entonces, el turismo ha acompañado a la sociedad y economía española, aportando y mucho al PIB y al empleo nacional.

Si los 60 fueron el nacimiento del turismo de masas, los 70-80 fueron la consolidación del modelo turístico de sol y playa, pasando de 24 millones de turistas internacionales a los 33 millones en 1990. Tras la llegada de los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Expo de Sevilla en el 1992, se buscaba la proyección de una España moderna y diversa, con el turismo cultural, rural y de interior como nuevos productos a promocionar. En al año 2000 ya nos visitaban 48 millones de turistas internacionales y entre la década del 2000-2010 llegó la consolidación de España como uno de los líderes mundiales del turismo, llegando en 2007 a registrar 59 millones de viajeros internacionales. Tras la superación de la crisis económica global, el turismo retoma la senda del crecimiento, pasando de 68 millones de viajeros en 2015 a 83,7 millones en 2019, lo que supuso un récord histórico. Tras la superación del Covid-19, en 2024 España volvió a batir registros, con 93,7 millones de turistas internacionales. Y todo apunta a que, en este 2025, batamos el registro de los 100 millones.

Agárrense que vienen curvas….

¿Dónde estamos hoy en día?

Ante esta (alocada) senda del crecimiento, muchas son las voces que vuelven a evocar la fortaleza del turismo y de nuestra economía. Con discrusos llenos de orgullo y admiración, no dejamos de destacar las fortalezas y grandes beneficios que esta actividad genera a nuestro país. Junto a ellas, algunas pocas voces están comenzando a plantear si estos 100 millones son demasiados turistas. ¿A vosotros que os parece?

Como los datos nos son opinables, os dejamos algunos que reflejan el devenir turístico en los últimos 10 años, para que extraigáis vuestras propias conclusiones:

  • Crecimiento de la demanda: entre el 2015 y el 2025 España ha recibido 32 millones más de turistas internacionales, el volumen de turistas que normalmente maneja un país como Grecia o Tailandia al año. México, con destinos como Riviera Maya, registran 40 millones.  
  • Plazas hoteleras: en 2015 España contaba con 1,7 millones de plazas hoteleras y en 2024 contó con 1,9 millones de plazas. ¡Y ojo! Según un estudio de  la consultora EY, para 2028 se espera la apertura de 775 nuevos hoteles en España.
  • Tráfico aéreo: según AENA, en 2015 los aeropuertos españoles manejaron un total de 207 millones de pasajeros y en 2024 registraron 309 millones, con algunos aeropuertos como Madrid, Barcelona, Valencia o Sevilla con su capacidad máxima excedida y con obras de ampliación en curso.
  • Viviendas de Uso Turístico: tipología alojativa que, con la llegada de la economía colaborativa y las plataformas, ha supuesto una verdadera revolución en la rápida generación de oferta de plazas. Junto a la regulación, la obtención de datos fiables y actualizados está siendo una de las dificultades a las que se enfrenta este subsector. Desde el 2020, el INE nos muestra unos interesantes datos e indican que en agosto de 2020 había un total de 321.496 VUT, mientras que en marzo de 2025 habá unas 381.837 VUT, lo que implica 1,9 millones de plazas. Este es el mismo volumen alojativo que la oferta hotelera.
  • Cruceros: en el año 2015 España recibió un total de 3.570 barcos de crucero en los puertos españoles, mientras que en 2024 esta cifra llegó a los 4.700 cruceros que han hecho parada en algunas de nuestras terminales. Si lo medimos en nº de cruceristas, son 8,4 millones en 2015 frente a 12,8 millones el año pasado.

 

Turismo. ¿Sinónimo de desarrollo? Sí, pero……

Volvamos al pasado. En el año 1976, en el marco de un seminario de la UNESCO y como respuesta crítica al optimismo sobre el turismo como motor de desarrollo en países en vías de desarrollo, el profesor Emanuel De Kadt publica una verdadera joya: “El turismo, ¿pasaporte para el desarrollo?”. En este libro, De Kadt plantea que el turismo no es un pasaporte automático al desarrollo, sino que puede también conllevar ciertos impactos negativos si ponemos el foco única y exclusivamente en los más que demostrables beneficios económicos que esta actividad aporta. Su buen potencial depende de un correcto diseño institucional, equitativo y sostenible. Sin cambios estructurales, luces largas, gestión y previsión, el turismo puede convertirse en un factor de desigualdad y de una dependencia excesiva.

Resulta paradójico y a la vez visionario, como el profesor De Kadt acertó plenamente lo que ocurriría casi 50 años después en un país como España. Los datos que tenemos hablan por sí solos y el turismo está mandando señales de alarma que claramente no queremos o no podemos ver.

Por una parte, términos como Gentrificación, turistificación y overtourism comienzan a ocupar el debate público, tanto en hogares, cervezas de amigos o en los diferentes foros políticos, mientras que nuestro sector sigue su incesante carrera por batir el record de visitantes del año anterior. Al mismo tiempo, poblaciones como Barcelona, Valencia o las Islas, se manifiestan pidiendo otro tipo de turismo o, simplemente, que le pongamos freno a esta actividad.

Y para colmo, hace unas semanas leíamos en el Barómetro del Turismo realizado por LLYC, como el sentimiento social por el turismo caía a una puntuación media de 4,7 sobre 10, dejando entrever el gran rechazo social que está causando el turismo.

Se nos rompió el turismo, ¿de tanto usarlo?

Llegados a este punto, creemos que debemos detenernos a reflexionar: ¿puede España seguir creciendo indefinidamente en número de turistas? ¿Tiene España un límite de capacidad turística? ¿Cuántos turistas caben sin comprometer el bienestar, la sostenibilidad y la calidad de vida de los residentes? ¿hemos llegado a un punto de inflexión que exige una revisión profunda de nuestro modelo turístico?

Sabemos que son preguntas incómodas y que nadie quiere hacer y menos responder. Reconocer o plantear que un sector que nos ha dado tanto, empieza a dar señales de alarma, es complicado e incómodo. Sobre todo, porque la solución no es fácil.

De forma tibia, algunas voces hablan de recetas para solucionar este sobreturismo pero, sinceramente, muchas de ellas son los mismos mantras que llevamos oyendo de forma eterna en el sector. Apostar por un turismo de calidad, desestacionalizar el turismo, diversificar nuestra oferta o un turismo más sostenible, son algunas de las soluciones apuntadas por muchas partes del sector, esperando que se produzca la magia solo con nombrarlas y repetirlas una y otra vez.

El verdadero reto: diversificar la economía española

A estas alturas del post, entendemos que os habéis dado cuenta de la encrucijada a la que nos enfrentamos. Está claro que el modelo turístico español debe mejorarse, poniendo en marcha (de verdad) algunas de las medias que hemos mencionado anteriormente, pero nosotros creemos que, en paralelo, debemos abordar una medida más profunda: la necesidad de diversificar la economía española.

Está claro que en el turismo somos muy buenos, pero ¿porqué no somos capaces de replicar este éxito en otros sectores económicos? ¿Por qué no empleamos parte de los ingresos que nos aporta el turismo para ir desarrollando otros sectores estratégicos y de futuro?

La excesiva dependencia del turismo hace a España vulnerable. Lo vimos durante la pandemia, cuando la economía nacional sufrió una de las mayores caídas del PIB en Europa. Y lo estamos viendo ahora, con la dificultad de encontrar trabajadores, la saturación de servicios y el agotamiento de ciertos destinos.

España necesita un plan estratégico para su economía y abordar algunos de retos como la reindustrialización del país con producción avanzada, invertir en biotecnología, bioeconomía y life sciences, inteligencia artificial y digitalización, apostar con fuerza por la economía verde, las energías renovables y la autonomía energética, impulsar el sector agroalimentario con marca propia de la mano del agritech, fortalecer sectores estratégicos como la ciberseguridad, la economía azul y la movilidad sostenible.

Tenemos ejemplos de países que han hecho esta transición, como es el caso de Irlanda, Estonia, Finlandia, Dinamarca o Países Bajos. Está claro que son países con realidades diferentes, pero a pesar de ello, demuestra que el cambio es posible, pero esto requiere liderazgo, tiempo y consenso.

La respuesta no pasa por cerrar la puerta al turismo, sino por abrir otras puertas económicas, que nos permitan crecer de forma equilibrada, inclusiva y sostenible. El futuro de España no está en tener más turistas, sino en tener una economía más diversificada y preparada para los desafíos globales, que no son pocos. 

Y vosotros. ¿Qué opináis?

 

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