Turismo inteligente y Tsunami digital. ¿Estamos ante una "Smart Bubble"?

Si trabajáis en el sector turístico habréis presenciado como en los últimos 5 años hemos estado viviendo en un auténtico frenesí tecnológico. Un torrente de realidad plagado de una gran cantidad de eventos acompañados del apellido “Inteligente”, “Smart” o “Digital”, así como en una incesante carrera de soluciones, tecnologías y aplicaciones que han hecho florecer un variopinto ecosistema empresarial, ávido a proveer de sus productos y soluciones a clientes públicos y privados.

Los que contamos con alguna década que otra de experiencia en el sector de la estrategia turística, no podemos evitar mirar con precaución y cierto recelo este ambiente de loco fervor compartido, en el que muchas veces las herramientas se convierten en un fin en sí mismo o en donde lo importante es la implantación de un sistema o aplicativo sin pensar el porqué o el para qué.

Esta borrachera tecnológica y Smart nos ha llevado a preguntarnos si nos encontramos ante una nueva burbuja inteligente en el sector turístico. La pregunta es incómoda y puede levantar algún que otro recelo, pero nos encanta Descartes, así que siguiendo su “Duda metódica” analizaremos esta situación. Así que vamos a ello.

En primer lugar, ¿Qué es una Burbuja?

Cuando hablamos de una burbuja sectorial, seguramente a muchos de vosotros se os venga a la mente dos momentos recientes de nuestra historia. Los que ya peinamos alguna cana que otra, recordaremos la famosa burbuja de las punto.com, sucedida entre 1995 y el 2000, cuyo máximo exponente fue la empresa Terra, que llegó a tener una valoración de 46.000 millones de euros, para acumular en el año 2000 unas pérdidas de 5.000 millones.

Los Millenials, a buen seguro, recordarán la otra gran burbuja: la inmobiliaria. Fenómeno dado entre los años 1995 y 2007 en donde los bajos tipos de interés, el fácil acceso al crédito y el gran auge urbanizador generó un clima especulativo generalizado entorno a la vivienda. La crisis financiera global del 2008 desplomó rápidamente todo este mercado, arrastrando a particulares y bancos españoles y que terminó con un rescate financiero en 2012.

Ambos casos tienen en común diversos componentes que nos dejan entrever un comportamiento de burbuja: un crecimiento acelerado de los precios, una especulación excesiva, una desconexión con el fundamento de los bienes en venta y un auge inversionista desmesurado sin un gran conocimiento, pero con la esperanza de un futuro mejor, como si fuera un mantra caído del cielo. Y una vez pasada la etapa de efervescencia, una estabilización del mercado con su respectiva limpieza de los excesos producidos.

Tal y como indicaba Enrique Dans en uno de sus artículos dedicados a una posible burbuja de IA, una burbuja no es algo intrínsecamente negativo, ni un pretexto para descreditar la tecnología, pero sí que cuenta con elementos que, si los detectamos, debemos entrar en modo alerta y, sobre todo, nos debe invitar a reflexionar y no dejaros llevar por la corriente.

Ecosistema Startup y Covid -19: los aceleradores de la digitalización.

Como decíamos anteriormente, una burbuja está formada por diversos elementos que la van hinchando cada vez más, por lo que es interesante saber cuáles son los componentes de esta “Smart Bubble”.

En primer lugar, nos encontramos con el ecosistema StartUp (esto daría para un post propio…), el cual en la década iniciada en el 2010 sufre un gran crecimiento y posterior consolidación.  En el caso de España, la fundación de aceleradoras como Lanzadera, Wayra o SeedRocket, alimentaron un espíritu emprendedor formado por incubadoras, Fondos de inversión, Elvators Pitch, pivotajes y mentores, cuyo máximo exponente fue el nacimiento de Startups como Cabify, Glovo o Wallapop, en donde la tecnología y lo digital juegan un papel crucial en su modelo de negocio. Esas empresas, todas ellas pertenecientes al ecosistema mobile, se consolidan gracias a una demanda cada vez más digitalizada por medio de los omnipresentes Smartphones.

En medio de todo este panorama, la aparición del COVID-19 a principios de 2020 marcó un punto de inflexión en lo relativo a la transformación digital.  Las restricciones físicas obligaron a miles de empresas y sus trabajadores a adaptarse rápidamente al trabajo remoto, produciendo así una aceleración en el uso de herramientas digitales que antes pasaban desapercibidas. Con esta tecnología en el centro, se produce un gran cambio en la cultura organizacional y laboral, ganando gran importancia lo digital frente a lo físico. La ciberseguridad, el cloud computing, la automatización, el machine Learning y la IA avanzaron en apenas un año lo que en condiciones normales podrían haber implicado cinco años. La mesa está servida…

¿Y que pasa con el turismo (inteligente)?

Como no podía ser de otra forma, el turismo no ha sido ajeno a la continua digitalización de la sociedad. Desde el ámbito público, esta transformación se plasma por medio de los Destinos Turísticos Inteligentes, un nuevo modelo de gestión impulsado por Segittur (y en donde la Comunitat Valenciana fue pionera, por cierto), que promueve contribuir a mejorar la competitividad de los destinos turísticos y la calidad de vida de sus residentes, incidiendo en cinco ámbitos de actuación: gobernanza, innovación, tecnología, sostenibilidad y accesibilidad. Se trata de un modelo de gestión transversal, en donde muchos de sus ejes dependen en buena medida de la tecnología.

El turismo español fue una de las partes más damnificadas por el Covid-19, con una caída del 77% de las llegadas internacionales, lo que supuso una pérdida de 72.000 millones de euros a la industria turística nacional. Ante ello, la EU impulsa los Fondos Next Generation, en donde a través del PRTR y en su Componente 14, se dedica al turismo español más de 3.400 millones de euros hasta el 2026. Sus objetivos: modernizar el tejido empresarial turístico por medio de la digitalización y mejorar el sistema turístico nacional por medio de la diversificación y una apuesta decidida por la sostenibilidad.

De esta forma, se ponen en marcha una gran cantidad de ayudas como los Planes de Sostenibilidad Turística en Destino, las Ayudas Última Milla o la propia PID de Segittur, que implican un aumento exponencial de la financiación de toda la tecnología que se venia gestando durante los últimos 5 años y que aceleró especialmente durante el Covid-19. Café, copa y puro.

 

Smart Bubble sí o no. That is the question!

Si han llegado hasta este punto del post, creo que podréis deducir vosotros solos si estamos ante una burbuja o no, lo cual ya os advertimos que nosotros vemos claramente. A continuación, vamos a remarcar unos cuantos aspectos que sostienen nuestra tesis:

  • Inversiones desproporcionadas en tecnología: sin lugar a duda, la financiación proveniente de los Fondos Next está siendo uno de los grandes aceleradores de una excesiva contratación de tecnología. Todas las subvenciones mencionadas anteriormente han impulsado e incentivado la contratación soluciones variopintas y con precios (segun el caso) desproporcionados. Sistemas de Inteligencia Turística, Gemelos Digitales, sensorización para la gestión de flujos y aforos, señalética inteligente, son algunos de los proyectos que, en sin una financiación extra, difícilmente se habrían implantado. A esto debemos añadir que muchos de estos proyectos no se han dimensionado teniendo en cuenta la realidad del destino, el equipo de trabajo existente o la sostenibilidad económica del proyecto.
  • Mercado tecnológicamente inmaduro: el Covid-19 conllevó una aceleración en el uso y adopción de la tecnología de las organizaciones. Sin embargo, esta transformación ha sido epidérmica, centrándose más en las herramientas y soluciones que tienen que ver con el teletrabajo. La realidad es que en muchos casos aún nos encontramos con perfiles profesionales analógicos que, a duras penas, están teniendo que adaptarse a estas nuevas herramientas. La tecnología ha irrumpido con tanta velocidad que a los equipos no les ha dado tiempo a formarse o prepararse para digerir tanta tecnología de golpe. En lo público, los equipos de turismo suelen ir con una carga de trabajo excesiva, en donde además de turismo, deben encargarse de las playas, de parte de cultura/patrimonio o deporte. Si a esto le añadimos su transformación en destinos DTI, nos encontramos con equipos altamente saturados.
  • Falta de perfiles profesionales especializados: este punto está íntimamente relacionado con el anterior. La tecnología ya ha llegado, pero la configuración de los equipos de gestión turística sigue siendo analógica. Para aprovechar las grandes inversiones que se han realizado, necesitamos generar puestos de trabajo especializados y que trabajen en coordinación con la dirección. Perfiles como Big Data Analyst, Científico/a de Datos, Smart Data Officer o experto en tecnología digital y multimedia son algunos de los nuevos puestos de trabajo que se tienen que comenzar a consolidar en las organizaciones si queremos que esta transformación digital sea real. En este punto, es importante destacar la necesidad de cambiar el Grado de Turismo e incorporar materias relacionadas con lo Smart. Desde Adestic, se ha hecho una guía de perfiles profesionales muy interesante que os recomendamos leer.
  • Narrativas exageradas: bajo este fervor conjunto, una parte del sector TravelTech se presenta mucha de esta tecnología como grandes solucionadores de muchos de los problemas existentes con el mero hecho de su contratación. Aquí nos olvidamos de que estas son herramientas a disposición de una planificación integral y que, si bien pueden ser muy útiles, se convertirán en proyectos fallidos sino orientamos bien los objetivos que perseguimos con su uso.
  • Comportamiento irracional: esta es una consecuencia directa de la confluencia de todos los puntos anteriores. Desde nuestro ejercicio profesional, hemos visto en los últimos cuatro años a destinos y empresas implantando sistemas, aplicaciones y soluciones por el mero hecho de estar subvencionadas o por un FOMO irracional. Veremos lo que pasa cuando se terminen los Fondos en 2026 y haya que mantener toda esta infraestructura tecnológica a nivel humano y económico.

Es indudable que la tecnología es gran aliada para el turismo, pero solo si se usa con sentido. No se trata de implantar lo último, sino lo útil. De nada sirve llenar destinos y empresas de soluciones inteligentes si no hay una estrategia clara, equipos preparados y objetivos realistas.

Quizá ha llegado el momento de parar y preguntarnos: ¿estamos digitalizando con cabeza o dejándonos llevar por una burbuja que, tarde o temprano, podría estallar?

 

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