Turismo LGBT+: ¿Destino Seguro o Marketing Vacío?

Cada junio, al llegar el Mes del Orgullo, muchos destinos se suman a la ola arcoíris con campañas coloridas y monumentos iluminados. Pero detrás de esos gestos simbólicos hay ciertas condiciones imprescindibles que debe contener la planificación turística de las debemos hablar al respecto. Esa ha sido precisamente la motivación de Florencia Bentivenga, becaria en el equipo de Castro Tourism Advisors, quien ha dedicado su Trabajo de Final de Máster a reflexionar sobre el papel que juega el turismo en la inclusión del colectivo LGTBIQ+. A continuación, compartimos algunas de sus principales ideas.

Empecemos por el principio… 

En todos los países hay ciudadanos que se identifican como lesbianas, gays, bisexuales, transexuales, intersexuales, entre otras categorías. Sin embargo, estas unidades estatales, de alguna manera, regulan e influyen en la vida de las personas anteriormente nombradas, ya sea a través de leyes, normas sociales o actitudes culturales. Asimismo, el tratamiento varía enormemente de país en país: va desde la pena de muerte hasta ampliar de forma continua, por pujas por parte del colectivo, mejorando sus condiciones de vida. 

En lo que turismo respecta, según estimaciones de la Organización Mundial del Turismo (OMT), el turismo LGBTQ+ moviliza alrededor de 35 millones de turistas internacionales por año, lo que representa más del 3% del volumen total de viajeros en el mundo. Este segmento destaca por su crecimiento anual del 10,3%, frente al 3,8% del turismo convencional, y por su aporte a la desestacionalización del sector. 

Pese a su peso económico, aún hay una falta de estudios académicos profundos que analicen las dinámicas internas de este fenómeno, lo cual limita una comprensión integral de sus motivaciones, desafíos y realidades.  

¿Turismo LGBT+ o turismo gay? 

Parte de la literatura, ha asociado el turismo LGBT+ con el llamado “turismo gay” o “arcoíris”, orientado a eventos y espacios socialmente gay-friendly. Esta visión pone el foco en hombres gays blancos y con alto poder adquisitivo. 

Pero el colectivo es mucho más amplio y diverso. Lesbianas, personas trans, bisexuales, asexuales y/o familias LGBT+ no siempre se ven representados en esta oferta. Sus motivaciones, necesidades y realidades son distintas, y tenidas menos en cuenta en las promociones LGBT de los destinos turísticos. 

  • Seguridad: un derecho, no un extra 

A pesar de las diferencias en los intereses de cada segmento del colectivo, hay un punto en el que todos convergen, y es que como señalan, Corbisiero y Freire Varela (2024): la elección de un destino turístico está profundamente influenciada por la percepción de seguridad. Las personas LGBT tienden a priorizar aquellos países y regiones que ofrecen marcos legales protectores y culturas sociales inclusivas, por encima de aquellos en los que la homosexualidad continúa siendo criminalizada o socialmente sancionada. 

Viajar, para las personas LGBT+, no es simplemente elegir una playa o una ciudad con encanto. Es evaluar si podrán ser ellas mismas sin miedo, ya que, en muchos casos, ni siquiera lo pueden hacer en sus pueblos, ciudades o hasta en sus países de origen. 

Por lo tanto, la seguridad debe ser el punto de partida real de toda estrategia turística orientada al colectivo en su totalidad. Dar las garantías que las personas del colectivo no van a ser agredidas tanto en los ámbitos públicos como privados y a su vez, condenar explícitamente a la discriminación. Para ello, se necesitan marcos legales de protección que regulen y además, el control de las administraciones públicas para que se cumpla.  

  •  Escuchar al colectivo: planificar con, no para.

Ahora bien, teniendo en cuenta la necesidad de seguridad a brindar y la inclusión de todas las intersecciones del colectivo, procederemos a hablar de la sostenibilidad y la planificación turística para el colectivo LGBT+. 

En la actualidad, hablar de sostenibilidad en turismo implica considerar tres dimensiones: económica, ambiental y social. Dentro de esta última, la seguridad y el respeto a la diversidad sexual y de género son componentes esenciales.  

¿Cómo sabemos si se está cumpliendo?

Podemos fijarnos en indicadores como: en las capacitaciones reales sobre diversidad a agentes turísticos, marcos legales de protección, condena explícita a la discriminación, políticas públicas inclusivas, entre otras. 

En el caso de la planificación turística, una inclusión auténtica no se logra diseñando productos “para” el colectivo sin consultar a quienes lo integran sino que debe hacerse con el colectivo, reconociéndolo como un actor clave —un stakeholder— con voz propia. 

Al incorporar estas opiniones, los gobiernos y organismos de turismo logran diseños de políticas, campañas y experiencias acorde a sus turistas y residentes. Esto no solo mejora la calidad de las propuestas, sino que evita caer en clichés, estereotipos o invisibilizaciones. 

Promover destinos seguros e inclusivos es también contribuir a una agenda global de derechos humanos y justicia social. 

Reflexiones finales 

Para poder ser un Destino LGBT+ es imprescindible lograr generar validación identitaria y libertad. Y la única forma de poder hacerlo, es a través de brindar seguridad. 

El turismo LGBT+ no necesita campañas vacías ni símbolos superficiales, por el contrario, necesita seguridad, representación y participación real. Y todo destino que quiera ser parte de esa transformación, debe comenzar por lo más simple y lo más profundo a la vez: escuchar activamente a quienes se quiere recibir. 

Esta ampliación de derechos y gobernanza a nivel local llega para quedarse y demostrar cómo a través del turismo, también podemos brindar mejor calidad de vida a nivel mundial, tanto a nuestros residentes como a nuestros turistas. 

Feliz mes del orgullo, feliz mes de la diversidad. 


 

 

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