Ser Mujer. Ayer, Hoy y Mañana

Las chicas son un valioso 55% de Castro Tourism Advisor, así que como no podía ser de otra forma, estamos super orgullos@s de ellas. Nuestra compañera Elena Soler, feminista convencida, reflexiona sobre los desafíos que afrontamos las mujeres (y hombres) y como la lucha por la igualdad de género deber ser una tarea compartida y una fuerza transformadora capaz de derribar barreras.

Un año más, el 8 de marzo llega con la fuerza de millones de mujeres en todo el mundo que seguimos protestando, reivindicando y gritando al mundo que todavía nos queda mucho por avanzar en materia de igualdad entre hombres y mujeres.

Históricamente la lucha feminista se remonta a las protestas que las trabajadoras en Estados Unidos y Reino Unido llevaron a cabo durante la revolución industrial, en donde mujeres de clase trabajadora y de los sectores más precarizados se unieron para demandar mejoras en sus indignas condiciones laborales, pero también para reivindicar el reconocimiento de sus derechos políticos y constitucionales, en relación con el derecho al voto, el desempeño de cargos públicos, la propiedad, la igual capacidad de obrar y la demanda de igualdad de derechos dentro del matrimonio. Se asentaban así las primeras bases del feminismo.

Estas mujeres dieron los primeros pasos en una titánica lucha en contra de un sistema patriarcal que puso al hombre en el centro de la organización política, social y familiar, haciéndolos dueños y “señores/os” de un patrimonio que incluía a esposa, hijos y bienes. Mujeres como Emilia Pardo Bazán, Clara Campoamor, Concepción Arenal, Flora Murray, Louise Garret Anderson, Simone de Beavoir, Virginia Woolf, Ruth Bader Gainsburg, Nevenka Fernández (os recomendamos ver su documental) o ya más recientemente como las jóvenes jugadoras de la selección española de fútbol, entre tantas otras que con valentía decidieron no conformarse y revelarse contra lo establecido.

El movimiento feminista ha sido un motor de cambio social en el camino hacia la emancipación, la protección y el empoderamiento de las mujeres. Movimientos como #MeToo, “Solo sí es sí”, “Yo sí te creo” o “Se acabó” y los cambios en una nueva legislación integral feminista contra la discriminación, están ayudado cada vez más a visibilizar las violencias y que la ley ponga en el centro a las mujeres, apoyándolas y evitando que el sistema las revictimice.

Desde entonces mujeres de todo el mundo hemos continuado la lucha, cada una a nuestra manera, para conseguir un modelo social justo e igualitario y para recuperar unos derechos que siempre deberían haber sido nuestros. Mujeres como nuestras abuelas que tuvieron que afrontar guerras, hambre y un sistema social y político que las relegó al más absoluto ostracismo. Mujeres como nuestras madres, que se atrevieron a llevar los primeros pantalones, a trabajar fuera de casa o a divorciarse, (¡Ojo al dato, esto sólo a partir de 1981!) Y mujeres como nosotras, que a pesar de todo lo conseguido, tenemos la obligación moral de seguir luchando contra todo aquello que sigue coartando nuestra seguridad y nuestros derechos y libertades individuales. Tenemos por ello el deber de convertirnos en personas comprometidas, y hacer entender a nuestras parejas, hijos, hermanos, amigos, jefes y compañeros de trabajo que esto tiene que ser un trabajo compartido entre todos y todas.

No podemos olvidar que las mujeres, cualquiera que sea nuestro estrato social, nivel educativo, cultural o económico, seguimos sufriendo violencia y desigualdad por el mero hecho de ser mujeres. Mujeres que tenemos que lidiar con la brecha salarial, el techo de cristal, la violencia de género, el acoso por razón de sexo, el acoso laboral, la falta de derechos reproductivos, la escasa corresponsabilidad en el ámbito familiar y escolar, o la dedicación a los cuidados familiares. Los datos hoy en día demuestran que las tareas y responsabilidades del hogar y la familia siguen siendo asumidas mayoritariamente por las mujeres, en una estructura familiar no acorde con nuestras aspiraciones laborales. Por favor, no dejéis de seguir iniciativas como el Club de las Malas Madres, iniciativa que, en clave de humor y publicidad, denuncia precisamente parte de esta situación.

Hubo un tiempo en el que muchas profesiones estaban prohibidas para mujeres, y junto a la falta de acceso a formación y a la idea de que la mujer tenía que ocuparse de los cuidados familiares hicieron que el acceso al mundo laboral de las mujeres quedara muy limitado. Afortunadamente, hace ya mucho tiempo que las mujeres dimos un gran paso adelante y nos incorporamos al mundo laboral, alcanzado por fin y no sin poco esfuerzo, puestos de responsabilidad y liderazgo. Sin embargo, a pesar de lo mucho avanzado, seguimos estando infrarrepresentadas profesionalmente, persistiendo una brecha de género que nos sigue impidiendo desarrollar todo nuestro potencial profesional. Y el sector turístico no es ajeno a todo esto.

¿Qué pasa en nuestro sector?

La incorporación de la mujer al ámbito del turismo no ha sido ajena a este movimiento reivindicativo, pero ¿suponen las mujeres hoy en día un motor en el sector de viajes y turismo?  Podría parecer que sí, pero todavía falta mucho por hacer. Según datos de la UNWTO, el 54% de la fuerza de trabajo en el turismo corresponde a mujeres, sector cuya brecha salarial entre hombres y mujeres es menor y en donde el porcentaje de mujeres en puestos directivos es superior al de otros sectores. Ya la UNWTO elaboró el primer Informe mundial sobre las mujeres en el turismo 2010 en donde se analizaba la participación de las mujeres en el sector turístico en todo el mundo, y mediante el establecimiento de una serie de indicadores, ver cómo y en qué medida el turismo podía tener un impacto positivo en la vida de estas. Ya de paso os recomiendo echarle un vistazo al documento Dones i Turisme. Transformadores del sector, publicado por la Agència Catalana de Turisme (ACT), con el testimonio de algunas de las mujeres que han transformado el sector en Cataluña.

No cabe duda de que las mujeres seguimos enfrentándonos a los prejuicios y a los estereotipos de género, pero también en gran medida, a la falta de referentes profesionales femeninos. La escasa representación de las mujeres en los puestos directivos sigue sin alcanzar la paridad exceptuando contados casos como Julia Simpson, presidenta y CEO de la World Travel & Tourism Council (WTTC), su vicepresidenta Maribel Rodriguez o Natalia Bayona, directora ejecutiva de la World Tourism Organization (UNWTO), entre otras pocas.

Caminante no hay camino, se hace camino al andar

En pocos días cumpliré 47 años (sí, no me asusta decir mi edad) y en mis más de 20 años de experiencia profesional, todos en el sector turístico, he podido ver como afortunadamente las cosas han ido cambiando en el ámbito laboral. Hoy en día muchas de nosotras tenemos la gran suerte de trabajar en entornos laborales en donde tanto hombres como mujeres podemos contar con las mismas oportunidades, los mismos derechos, el mismo trato y las mismas responsabilidades y que nos permiten una mejor conciliación y un mayor reconocimiento de nuestros logros laborales. Pero esto no siempre fue así y de aquello no hace tanto.

Hoy, tengo la suerte y el privilegio de contar con excelentes compañeras y amigas en el sector, con las que compartimos ideas y modos de entender la vida. Compañeras con amplia experiencia en el sector turístico, con altas capacidades profesionales, comprometidas y empoderadas. Y siento que ahora para todas nosotras nos ha llegado el momento de ayudar a otras jóvenes compañeras que inician su andadura laboral, apoyándolas y haciéndoles sentir que no están solas en el camino.

Una mirada al futuro

¿Y qué es lo que podemos hacer por vosotras, mujeres jóvenes, preparadas y comprometidas? Pues nada más que recomendaros que os sigáis formando, que trabajéis en conjunto y que os protejáis unas a otras (#sororidad), que promováis la igualdad de oportunidades, que fomentéis el uso de un lenguaje más inclusivo, que ayudéis a vuestros compañeros a entender que esto es cosa de todos y que alentéis a otras mujeres a ejercer el liderazgo. Pero, sobre todo, os pedimos que no tengáis miedo, que no os calléis y sobre todo, que nunca perdáis la ilusión.

Ojalá no tuviéramos nada que celebrar ni reivindicar cada 8 de marzo, pero en este Día Internacional de la Mujer del año 2024 la realidad es que tenemos que seguir saliendo a las calles a protestar y a pedir a los gobiernos y a la sociedad que aúnen esfuerzos para conseguir un modelo social más inclusivo y equitativo. Tenemos entre todos la responsabilidad de crear un futuro mejor, por nosotras, por las que ya no están y sobre todo por nuestras niñas, las mujeres del futuro.

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